Los que perdieron la América

Novela
de Héctor Antonio Picco
194
páginas.
Ediciones
“Tierra Argentina”
Buenos
Aires.
1984.-
Ubiquémonos en la
época. El ferrocarril, supremo medio de comunicación masiva para esos tiempos,
recién desplegaba sus ramaleados tentáculos en el centro de la patria. El autor
nos hace vivir con realismo las
vicisitudes sufridas por los primeros colonos de estas pampas argentinas, fundadores
y protagonistas de incipientes colonias
rurales dispersas en la entropía de la llanura virgen. La mayoría eran inmigrantes , huyendo quizá
de tanta guerra y su consecuencia: orfandad y miseria.
En el nuevo escenario de sus actividades, deben afrontar
otras dificultades, la tierra toda ya tiene dueño, se ven forzados a aceptar
las reglas establecidas: el trabajo a porcentaje. Así; recaudan una magra
retribución y siempre que el resultado de su esfuerzo fuese fructífero, de lo
contrario no recibía ningún pago. El colono se instalaba como podía en tierra
ajena, previo permiso del encargado quien, casi autoritario y poco amable dictaba las leyes, dando a
entender que no haría concesiones fuera de lo dicho. La falta de una mínima
comodidad es deprimente, allí no hay nada, el colono traía consigo muy poco.
Debe levantarse la vivienda, perforar para extraer agua, adquirir las
herramientas y animales de labor que no consigue en préstamo, endeudándose de
inmediato.
Los desalojos son frecuentes, a veces ocasionados por la
tendencia de una vaca de más(casi siempre el máximo eran tres), producto obligado para la subsistencia, pues era necesario paliar la miseria en años que
no había cosecha de granos, a menudo perdidas por las sequía, los depredadores
naturales: langostas, roedores, insectos.
Los insecticidas
eran casi desconocidos y su aplicación rudimentaria .
Estas vivencias llegan al lector a través de los
protagonistas principales: El Antulín y el Nacio, italiano y español
respectivamente. El primero debe llevar adelante una familia, el segundo es
soltero y lleva adherido a su alma un recuerdo fiel e inolvidable, el de su
novia fallecida, víctima de una bala perdida originaba en un tiroteo político.
Ambos llegaron con el fin de hacer la América, es como
decir, hacer un país, labrarse un porvenir con el trabajo en paz, llegar hacer
propietarios, legar algo de sus descendientes, y procurarse un poco de
felicidad, la felicidad que todo hombre tiene derecho a construirse
Se conocen en el puerto de Buenos Aires, se ayudan, surge
una entrañable amistad que no se quiebra ni aún
cuando el Nacio no puede ir a despedirlo al Antulín el día que éste
parte a su incierto destino. .
Se reencuentran en un poblado incipiente de punta del
riel, por un acertado capricho del destino. El trabajo es de sol a sol, ya de
noche aprovechan las últimas energías para hacer adobes, que se transformarán
en escuelas, hospitales, edificios públicos, allí está todo por hacer. de esta
actividad intensa surgían individuos rudos y de temple. La instrucción que
traían era en casi todos los inmigrantes muy precaria, empero las
apotegmas heredadas de sus raíces
marcaban una regla incontrovertible:
“Conducta y trabajo” y aunque las
excepciones son inevitables, en el caso del Antulín y el Nacio , estos
principios tenían una fuerza
inquebrantable. Estos personajes no alcanzaron a ver ni a vivir el fruto de su
esfuerzo, una Federación Agraria incipiente se aprestaba a las luchas por
derechos inalienables, desafiando prepotencias, autoridades serviles casi
siempre a la orden de los poderosos. Así, la América quedó legada a las
generaciones venideras, empero estos colonos murieron sabiendo que su deber
estaba cumplido.
Dentro del drama en que transcurre la vida de los
protagonistas, el autor les extrae con sus pintorescos lenguajes recién
adquiridos, una encantadora ternura e ingenuidad, y en algunas situaciones, no
está ausente la picardía, propia de la gente sencilla.
Como huinquenses (o por adopción), debemos sentirnos
orgullosos de que “Los que perdieron la América”, haya sido plasmada por Héctor
Antonio Picco, un hijo adoptivo de Huinca Renancó, quien lega al presente y a
la posteridad, este documento que es fiel reflejo de un pasado, que las leyes
modernas irán modificando definitivamente.
Héctor Antonio Picco
Poeta, escritor, investigador del fenómeno ovni, tema
sobre el cual ha escrito artículos y
libros.
Nació en el sur de la provincia de Córdoba, vivió en
Buenos Aires. Falleció en Capilla del Monte (Córdoba). Argentina.
Publicó:
Reencarnación del Martín Fierro (poemas); Los que perdieron la América
(novela), Las Pruebas materiales de la Tierra Hueca (ensayo); Tengo las manos
vacías (poemas)
Celso R. Dal Maso
Publicado en Revista Literaria “Mapuche” –- Nº 18– Enero de 1989
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