viernes, 19 de junio de 2026

Los que perdieron la América

 

Novela de Héctor Antonio Picco
194 páginas.
Ediciones “Tierra Argentina”
Buenos Aires.
1984.-
 
Ubiquémonos  en la época. El ferrocarril, supremo medio de comunicación masiva para esos tiempos, recién desplegaba sus ramaleados tentáculos en el centro de la patria. El autor nos hace vivir  con realismo las vicisitudes sufridas por los primeros colonos de estas pampas argentinas, fundadores y protagonistas  de incipientes colonias rurales dispersas en la entropía de la llanura virgen.   La mayoría eran inmigrantes , huyendo quizá de tanta guerra y su consecuencia: orfandad y miseria.
En el nuevo escenario de sus actividades, deben afrontar otras dificultades, la tierra toda ya tiene dueño, se ven forzados a aceptar las reglas establecidas: el trabajo a porcentaje. Así; recaudan una magra retribución y siempre que el resultado de su esfuerzo fuese fructífero, de lo contrario no recibía ningún pago. El colono se instalaba como podía en tierra ajena, previo permiso del encargado quien, casi autoritario  y poco amable dictaba las leyes, dando a entender que no haría concesiones fuera de lo dicho. La falta de una mínima comodidad es deprimente, allí no hay nada, el colono traía consigo muy poco. Debe levantarse la vivienda, perforar para extraer agua, adquirir las herramientas y animales de labor que no consigue en préstamo, endeudándose de inmediato.
Los desalojos son frecuentes, a veces ocasionados por la tendencia de una vaca de más(casi siempre el máximo  eran tres), producto obligado para la  subsistencia, pues  era necesario paliar la miseria en años que no había cosecha de granos, a menudo perdidas por las sequía, los depredadores naturales: langostas, roedores, insectos.
Los  insecticidas eran casi desconocidos y su aplicación rudimentaria .
Estas vivencias llegan al lector a través de los protagonistas principales: El Antulín y el Nacio, italiano y español respectivamente. El primero debe llevar adelante una familia, el segundo es soltero y lleva adherido a su alma un recuerdo fiel e inolvidable, el de su novia fallecida, víctima de una bala perdida originaba en un tiroteo  político.
Ambos llegaron con el fin de hacer la América, es como decir, hacer un país, labrarse un porvenir con el trabajo en paz, llegar hacer propietarios, legar algo de sus descendientes, y procurarse un poco de felicidad, la felicidad que todo hombre tiene derecho a construirse
Se conocen en el puerto de Buenos Aires, se ayudan, surge una entrañable amistad que no se quiebra ni aún  cuando el Nacio no puede ir a despedirlo al Antulín el día que éste parte a su incierto destino. .
Se reencuentran en un poblado incipiente de punta del riel, por un acertado capricho del destino. El trabajo es de sol a sol, ya de noche aprovechan las últimas energías para hacer adobes, que se transformarán en escuelas, hospitales, edificios públicos, allí está todo por hacer. de esta actividad intensa surgían individuos rudos y de temple. La instrucción que traían era en casi todos los inmigrantes muy precaria, empero las apotegmas  heredadas de sus raíces marcaban  una regla incontrovertible: “Conducta  y trabajo” y aunque las excepciones son inevitables, en el caso del Antulín y el Nacio , estos principios tenían  una fuerza inquebrantable. Estos personajes no alcanzaron a ver ni a vivir el fruto de su esfuerzo, una Federación Agraria incipiente se aprestaba a las luchas por derechos inalienables, desafiando prepotencias, autoridades serviles casi siempre a la orden de los poderosos. Así, la América quedó legada a las generaciones venideras, empero estos colonos murieron sabiendo que su deber estaba cumplido.
Dentro del drama en que transcurre la vida de los protagonistas, el autor les extrae con sus pintorescos lenguajes recién adquiridos, una encantadora ternura e ingenuidad, y en algunas situaciones, no está ausente la picardía, propia de la gente sencilla.
Como huinquenses (o por adopción), debemos sentirnos orgullosos de que “Los que perdieron la América”, haya sido plasmada por Héctor Antonio Picco, un hijo adoptivo de Huinca Renancó, quien lega al presente y a la posteridad, este documento que es fiel reflejo de un pasado, que las leyes modernas irán modificando definitivamente.
                                         

Héctor Antonio Picco
Poeta, escritor, investigador del fenómeno ovni, tema sobre el cual ha escrito  artículos y libros.
Nació en el sur de la provincia de Córdoba, vivió en Buenos Aires. Falleció en Capilla del Monte (Córdoba). Argentina.
Publicó:  Reencarnación del Martín Fierro (poemas); Los que perdieron la América (novela), Las Pruebas materiales de la Tierra Hueca (ensayo); Tengo las manos vacías (poemas)

                                                                 Celso R. Dal Maso

Publicado en Revista Literaria “Mapuche” –- Nº 18–  Enero de 1989

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