sábado, 19 de septiembre de 2026

Nicolás Jozami.

 

Críptico
 
Es un escritor tan admirablemente críptico, que para entender cada uno de sus libros, sus lectores no deben más que recurrir a otro de su autoría, y lo mejor es ir al publicado anteriormente, donde el autor desmenuza pacientemente su pensamiento posterior. A su vez, las apostillas retroactivas de cada libro, suelen ser tan herméticas, que sus seguidores, asfixiados por la incomprensión, saben que necesitan de un nuevo auxilio autoral, por lo que nuestro escritor no se ha resignado (nunca lo hizo) a ensanchar sus explicaciones en otro “nuevo” volumen (nuevo va entrecomillado, ya que en concreto el lector debe ir hacia atrás, siempre hacia el libro antes publicado), si no quiere marearse. Sus colegas y detractores -que nunca deben faltar- argumentan que su afán de hacerse comprender, es directamente proporcional a su no menos interesante y calculada estrategia de marketing personal. Detractores; eso son. Si hasta Shakespeare los tuvo, y en ejércitos de críticos miopes.
Lo anterior se lee en la contraportada de la edición de lujo (con filigranas de oro en portada y lomo) de las Obras Completas del escritor, ordenadas de la última a la primera. Todo un gesto.
 
 
Un sueño de siesta
 
Están el cowboy y el indio. No sé cómo lo sé, pero el indio le ha enseñado a usar el arco y la flecha; largas jornadas de preparación. Con un cielo castigado por instantáneas nubes deformes, el cowboy va a pasar la prueba, ya es momento. Se dispone, prepara y apunta al blanco, redondo, a muchos metros de distancia, aplastado contra un tronco. El indio espera a un costado (iba a decir con los brazos cruzados, pero eso es algo que sólo el cowboy puede pensar, sospechando de reojo esa postura antes de soltar la flecha, nervioso por la prueba, aunque eso sólo sucede en la mente del cowboy, o en los sueños, porque no existen indios que crucen los brazos); está con los brazos colgando a los costados de su cuerpo.
Dispara. La flecha no da en el blanco. Como sucedía con las nubes, que estaban comiéndose el cielo, la flecha se clava fuertemente en la espalda del indio. El ruido de la carne perforada es bien conocido, no hace falta explicarlo. Casi que lo atraviesa de lado a lado, pese a que el indio es fornido. Se arrodilla, pero no de dolor. El cowboy no comprende cómo hizo el tiro, porque apuntó al blanco, apuntó al blanco. El sueño termina con esta frase: el tiempo da la virtud y la muerte.
                                           

                                            (de Galería de auxilios. Ediciones del Callejón. 2022)                                              

 
 Escritor
Nació en Santa Rosa, (La Pampa). Reside en Bialet Masse  (Valle de Punilla) Córdoba
Publicó: El brillo gemelo ; La quimera), La joroba del Edén; Galería de auxilios; Vendida

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