jueves, 19 de marzo de 2026

Anna Rossell

 

He aprendido que nada significa lo mismo
aquí.
Aquí hay que aprenderlo todo
otra vez.
 
Las palabras no son las palabras
aquí.
Aquí es necesario un nuevo léxico
para todo. Decimos hambre,
y no es hambre lo que sentimos;
dolor, y no es dolor; maldad,
y no es maldad
aquí.
 
Para decir ´nunca´ decimos morgen früh
aquí. ´Mañana´ carece de sentido.
 
No hay palabras
aquí.
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Soñar no está prohibido todavía,
no todavía. Apúrate, amigo,
abre la ventana de tu alcoba;
ahora que puedes, deja que entre el aire,
la brisa fresca de la mañana de las espigas blancas;
resigue con la mirada el horizonte,
la tierra diezmada por las plagas,
el territorio yermo donde el infierno bulle,
donde el sol no entraña la esperanza.
Puede que allí atisbes el alba;
si entornas los ojos, vislumbrarás quizás
un hombre nuevo, hermano de su hermano,
no un Edén bíblico de cielo inmaculado,
de flores de colores y siembra germinada,
no caudalosos ríos de oro y plata,
no una quimera. Verás quizás a un niño
—solo un niño—
con los ojos entornados, que te mira,
soñando el mismo sueño,
todavía.

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 La rendija ha dejado de sernos
esperanza. Ya no llora el bebé,
pero su madre lo estrecha
contra su pecho aún.
 
Agua, ha dicho todavía,
una vez más.
 
Y la noche ha caído definitivamente
en el vagón. Y el tren de carga
ha empezado a moverse de nuevo,
lentamente.
 
Como si no hubiera llegado a su destino
 
Poeta,  escritora,
Mataró ( Barcelona) España
Publicó: La ferida en la paraula; Alma escarchada; La pradera de los abedules; Aquellos años grises; Mi viaje a Togo; entre su vasta obra que abarca poesia , narrativa, dramatúrgia y ensayo.
 

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