Anna Rossell

He aprendido que nada significa lo mismo
aquí.
Aquí hay que aprenderlo todo
otra vez.
Las palabras no son las palabras
aquí.
Aquí es necesario un nuevo léxico
para todo. Decimos hambre,
y no es hambre lo que sentimos;
dolor, y no es dolor; maldad,
y no es maldad
aquí.
Para decir ´nunca´ decimos morgen früh
aquí. ´Mañana´ carece de sentido.
No hay palabras
aquí.
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Soñar no está prohibido todavía,
no todavía. Apúrate, amigo,
abre la ventana de tu alcoba;
ahora que puedes, deja que entre el
aire,
la brisa fresca de la mañana de las
espigas blancas;
resigue con la mirada el horizonte,
la tierra diezmada por las plagas,
el territorio yermo donde el
infierno bulle,
donde el sol no entraña la
esperanza.
Puede que allí atisbes el alba;
si entornas los ojos, vislumbrarás
quizás
un hombre nuevo, hermano de su
hermano,
no un Edén bíblico de cielo
inmaculado,
de flores de colores y siembra
germinada,
no caudalosos ríos de oro y plata,
no una quimera. Verás quizás a un
niño
—solo un niño—
con los ojos entornados, que te
mira,
soñando el mismo sueño,
todavía.
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La rendija ha dejado de sernos
esperanza. Ya no llora el bebé,
pero su madre lo estrecha
contra su pecho aún.
Agua, ha dicho todavía,
una vez más.
Y la noche ha caído definitivamente
en el vagón. Y el tren de carga
ha empezado a moverse de nuevo,
lentamente.
Como si no hubiera llegado a su destino
Poeta, escritora,
Mataró ( Barcelona) España
Publicó: La
ferida en la paraula; Alma escarchada; La pradera de los abedules; Aquellos
años grises; Mi viaje a Togo; entre su vasta obra que abarca poesia ,
narrativa, dramatúrgia y ensayo.
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