sábado, 20 de diciembre de 2025

Sonia Altamirano

 

Había que salir de esa pobreza
 
Mientras llevaba las ovejas a pastar a la pampita, miraba sus pies. Las alpargatas mojadas con el rocío del pajonal. Luego tenía que moler el maíz para el mote, recoger la leña, volver por las ovejas para encerrarlas en el corral e ir al arroyo a bañarse.
No, esa no era la vida que deseaba. En una ocasión había ido a la ciudad y tuvo posibilidad de conocer otras realidades. Entonces, se había propuesto cambiar su destino. Faltaban pocos meses para la mayoría de edad y ella quería salir de esa pobreza.
Cuando cumplió veintiuno anunció que dejaba la casa paterna y se iría a la ciudad. Sus padres no aprobaron la decisión, pero igual ella dejó las alpargatas, se calzó su único par de zapatos, tomó su pequeña maleta y se fue a la capital, a vivir en la pensión de una familia amiga.
Consiguió trabajo en un Taller de costura y con su primer sueldo se compró unos mocasines marrones con una gran hebilla al frente. Se transformó en una modista, capaz de copiar cualquier modelo de las revistas o de las casas de alta costura.
Al tiempo decidió casarse con aquel noviecito del campo que, al igual que ella, había emigrado a la ciudad buscando dejar su rancho de adobe y caña.
Ella misma confeccionó su vestido de novia y usó unos stilettos blancos de taco altísimo que completaban la estampa. Elegancia y delicadeza.  Hicieron una fiesta en la cual no faltaba nada: abundante servicio de catering, una torta de tres pisos, baile y muchos regalos.
Sus padres le terminaron dando la razón. Había salido de esa pobreza. Se fueron de luna de miel a conocer el mar, aunque volvió un poco desilusionada. La verdad, sus sierras eran más lindas. 
Luego, vinieron años de trabajo y progreso. Muchos zapatos: con o sin taco, de corcho, con plataforma, de tela, de goma, de suela, calados, tejidos, de cabritilla, con taco aguja, de punta cuadrada o redonda, sandalias, botas…
De vez en cuando volvía al campo porque extrañaba el olor de las ovejas, el verdadero sabor de la leche, la mazamorra, el té con brasas después de la cena y hasta el dormir en el catre tapada con la frazada que picaba a través de la sábana raída. Se calzaba sus alpargatas viejas. Sólo para sentir el placer de sacárselas y ponerse sus botinetas de cuero forradas con corderito. Y mirarse sus pies, que ya no tenían frío. Pero debía volver a la ciudad, porque todo le era poco y temía volver a esa pobreza.
Aunque cuando regresaba y aspiraba el aire citadino, le parecía que no era suficiente para llenar sus pulmones. Trabajan muchas horas, porque siempre estaba invirtiendo en terrenos, en los que luego hacía una casa y vendía para hacer nuevas inversiones.
Igual, cada noche, cuando se acostaba en su cómoda cama tapada con el edredón de plumas, pensaba y pensaba, sin poder definir con certeza… ¿Había salido de esa pobreza?
 
.Poeta, escritora
Bialet Massé -Córdoba-Argentina
Integrante de “Chispazos Literarios”

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