María Elena Altamirano

Supaj Ñuñu -Cerro Pan de Azúcar-Cosquín
Él,
el majestuoso, el soberbio, el impoluto, el humilde. Él es el vigía.
Testigo
silencioso de tristezas y alegrías,
de
cantos, de llantos, de risas, de disputas y armonía.
Está
arropado con trinos y flores, con soledades y vientos silbadores.
Es
compañero del tiempo que no le hace cosquillas, es amigo del río, de aguas
espejadas y cristalinas.
El
sol y la luna lo espían, en el plenilunio y al amanecer de cada día.
Parece
que sabe todo, estoico siempre vigila, y si, sabe pero no comenta, ni opina.
Es
guardián celoso de los misterios de la vida y no cuenta los secretos, que sólo
él conoce, que solo él atisba.
La
madre natura en él se manifiesta cada año, cuando las cuatro estaciones lo
visitan, modificándole el vestuario.
Es
un icono indiscutible. Él es, fué y será nuestro, y aunque sea de nadie, amo y
admiro a ese cerro.
Supaj
Ñuñú fue su nombre ancestral, así lo bautizaron los primeros, emulando su
recuerdo maternal.
Pan
de Azúcar, así de dulce mi vida lo conoció, cuando su pequeña y majestuosa
inmensidad me cautivó.
Cosquín
vive a sus pies y es parte de su esencia, desde siempre veneramos su
señorial, infaltable e inigualable
presencia.
Poeta,escritora
Cosquín-Córdoba-Argentina
Integrante
de “Chispazos Literarios”
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