sábado, 20 de diciembre de 2025

Ana María Diaz

 

a mi bisabuela india

Atravieso tiempos y devoro espacios,
desde mi hoy vital sexagenario,
hacia algún lugar donde quedaron
tus huesos indios y tus pasos…
Si mi madre alguna vez dijo tu nombre,
me avergüenza hoy no recordarlo,
un único episodio relató allá lejos,
abuela de mi madre y madre de mi abuelo.
Tengo tu foto en mi recuerdo
lavando ropa sucia bajo un árbol,
con tus trenzas azabache que porfiaban
por sumarse al torbellino de tus manos.
Y tu cansancio convertido en rabia
decidió poner punto final a la batalla,
dicen que tomó un cuchillo y cercenó sus trenzas
y siguió con su tarea, así como si nada…
¿Qué puedo decirte hoy desde mi tiempo?
Tu hijo, mi abuelo Juan, y todos sus cercanos,
hasta su hija, mi madre Elena,
ya descansan igual que vos bajo la tierra.
Cumplieron como mejor pudieron sus tareas,
venciendo a los infiernos para hacerlos cielos
cada cual con los suyos y en sus tiempos.
Y dejaron, igual que vos, su viva impronta
en ésta, que soy yo, y en muchos otros que cualquiera de estos días,
seremos también solo recuerdo…
Pero hoy quiero que sepas algo mío,
y algo de la sociedad en que me inserto,
también tengo mis propios cielos, y mis propios infiernos.
Sufrimos la opresión de militares
que regó este suelo con sangre y con ausencias,
y de falso patriotismo cuando a cambio
de quedarse en el poder eternamente,
mandaron al averno de una guerra impía
a cientos de “casi niños” en Malvinas.
Pasada esa siniestra pesadilla, llegó la democracia y se pensaba
que con ella se comía, se curaba y se educaba.
Pero vinieron otros que mudaron
la esencia de esos bienes tan preciados.
Se han perdido perlas que ustedes conocían,
y al practicarlas las daban como ejemplos:
ganar el pan con el sudor de la frente,
respetar a los maestros, respetar a la gente.
Pero en fin, también hay cosas buenas en mi tiempo,
una es que todos, TODOS fuimos UNO,
como contadas veces en la historia:
se ganó el tercer mundial tras la pelota,
y temblamos de temor e incertidumbre
hasta el instante final de hacernos con la copa…
Olvidamos por un rato los pesares,
el hambre y la miseria del gentío,
las diferencias entre el pueblo pobre
con el lujo y el buen vivir de los señores.
“Mejor malo conocido que bueno por conocer” dicen algunos,
mientras otro erudito vaticina tener las soluciones
para desterrar la inflación y la pobreza
y devolver como jamás se ha visto,
al hombre su libertad, su dignidad y los valores.
Y esperando como ganado haciendo fila,
su turno en este indigno matadero,
por la receta mágica o por algún malo conocido
hay cuarenta y tantos millones de argentinos.
Por lo demás, ya lo sabemos,
somos valientes capitanes en borrascas,
somos bomberos y guardavidas en tsunamis,
somos pilotos de tormentas,
dignos hijos de extranjeros persiguiendo sueños
y de nativos bravíos, defendiendo suelos.
Eso somos bisabuela mía, que avergonzada te confieso,
no sé, o no recuerdo tu nombre.
Pero ¡aleluya!, ahora, después de evocarte con el alma,
alumbraste tu nombre en mi recuerdo.
Florencia india, madre, abuela y bisabuela,
sé que exististe, y que tus genes en mi sangre llevo…
 
 Escritora
Santa María de Punilla
Integrante de “Chispazos Literarios”
 

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